martes, 27 de agosto de 2024

¿Somos pobres o empobrecidos?

Juan Perez Archibold

Sociólogo, filósofo y especialista en gobernabilidad y gestión pública.

Los pueblos indígenas de Panamá enfrentan una discriminación estructural, una situación de empobrecimiento y vulnerabilidad, más que simplemente ser considerados pobres. Este empobrecimiento se debe a una combinación de factores históricos, sociales y económicos que han perpetuado su exclusión y marginación.

Se repite en el mundo académico y de los indio logos que los pueblos indígenas se victimizan repitiendo las injusticias históricas, incluyendo la colonización, la desposesión de sus tierras y recursos, sin embargo, esta situación ha configurado la discriminación estructural.

Esta discriminación estructural ha llevado a la pérdida de control sobre sus modos de vida y a la exclusión de los procesos de toma de decisiones en altos niveles. Esta exclusión ha contribuido a que los pueblos indígenas que representan 17% de la población panameña, constituyan aproximadamente un alto porcentaje de los pobres extremos en Panamá. Ciertamente, tenemos que analizar también los valores y creencias de los pueblos que contribuyen a este empobrecimiento.

En 2023, el ingreso per cápita fue de aproximadamente 18,972 dólares estadounidenses. Este indicador posiciona a Panamá en el puesto 60 a nivel mundial en términos de PIB per cápita. Se estima que, para finales de 2024, el PIB per cápita alcanzará alrededor de 17,304 dólares. O sea, significa que el ingreso promedio recibido por cada habitante en Panamá (aproximadamente 4 millones), fue de $18,972 durante 2023. Sin embargo, a pesar de su utilidad, el ingreso per cápita no considera la distribución del ingreso dentro de la población, lo que oculta desigualdades significativas.

Esta riqueza mal distribuida fruto de estructuras injustas ha generado aproximadamente 115 millonarios en Panamá que están en la política, pertenecen a grandes clubes, financian universidades y colegios y tienen sus propias ONGs. Estos individuos poseen una fortuna acumulada de alrededor de 16,000 millones de dólares. Este número representa aproximadamente el 0.031% de la población total del país, que es de poco más de 4 millones de habitantes. La fortuna promedio de estos millonarios es de aproximadamente 130 millones de dólares cada uno. Ni hablar de la corrupción institucionalizada que es otro tema.

Esto nos muestra que Panamá con muchos recursos, no ha solucionado los altos niveles de desigualdad estructural, las condiciones de vida de los pueblos indígenas, el acceso a servicios básicos como salud y educación con calidad. Hace falta el acceso al agua y saneamiento y la electricidad.

En este sentido, los pueblos indígenas son "empobrecidos" más que simplemente "pobres", ya que implica un proceso más profundo de despojo y marginación. Este empobrecimiento es el resultado de políticas que han ignorado sus derechos y necesidades, así como de la explotación de sus territorios por proyectos económicos que no benefician a las comunidades locales. La lucha por el reconocimiento de sus derechos y la inclusión en el desarrollo es crucial para revertir esta situación.

En resumen, los pueblos indígenas son considerados empobrecidos y vulnerables debido a un contexto de injusticias históricas y actuales que han llevado a su exclusión y a condiciones de vida significativamente peores.


lunes, 26 de agosto de 2024

¿Cómo la sabiduría ancestral ilumina la realidad social?


 Viví en Cardi Sugdup por los años 90 y me dediqué religiosamente a visitar y oír narrativas de mi maestro el difunto Gilberto Arias que vivía en Mandi Ubigandup. Estas reflexiones son frutos de estos encuentros

Nuestra sociedad es muy diferente a la que vivieron nuestros padres y madres, pero aun así ellos siguen iluminando nuestra realidad. Por eso nuestra resiliencia nos permite recrear cada día, cada año y cada nueva era.

No se trata de refugiarnos en un tesoro sagrado, mítico, inaccesible, ni sentirnos los guardianes de este tesoro congelado en la historia, sino de incorporar la figura del puente que comunica la tradición sapiencial de los pueblos con otras realidades, desde una visión holística.

He allí el reto.

Una comunidad indígena no es una simple reunión de humanos congregados de forma arbitraria y caprichosa, sino está construida como una constelación de seres minerales, vegetales y espirituales, un cuerpo ordenado y regulado bajo las garantías de sus leyes cósmicas y terrenales con un objetivo de bienestar para todos.

La sabiduría guna ofrece una figura luminaria que es Palu Uala (una tierra sin males llena de vida), narrativa que ancla el ancestral conocimiento social comunitaria a la realidad actual, ofreciendo inclusión, diversidad y oportunidad.

El difunto Argar Gilberto Arias analizó la realidad actual de esta manera: qué hemos hecho para que nuestros idiomas se vean sometidos a restricciones y amenazados de extinción, al tiempo nuestros territorios se sacrifican para realizar en ellos actividades de minería y de deforestación. Los pueblos indígenas en la actualidad, dueños de una diversidad de recursos naturales, espirituales y conocimiento tradicional, se han convertido en vulnerables, excluidos y empobrecidos. (Traducidos por el escribiente)

Así también, el difunto sabio guna Inakeliginya resume magistralmente cómo debería ser la iluminación: “El árbol de la vida nos lleva a fortalecer nuestra identidad y nos permite leer la realidad desde la Madre Tierra, y ofrece una nueva forma de libertad y autonomía. Eso nos hace guna. Es el centro de nuestra vida. Les aconsejo que elijamos sabiamente nuestras posibilidades y que defendamos nuestros sueños. Y que el camino de elección nos conduzca siempre a viajes de la existencia, de la conciencia, de la energía y la lucha por la libertad que nadie puede detener.”

La sabiduría guna para desarrollarse y ser puente necesita ser fuerte en las relaciones espirituales, minerales, humanas y vegetales y una mente despierta, aguda y avispada para enfrentar la realidad injusta: eso es, reconquistar el poder. ¿Pero qué poder? Si, el poder que viene de las entrañas de la Madre Tierra que nos moviliza, levanta y transforma.

Cuando prestemos más atención a la Madre Tierra y cuidemos más a ella, en lugar de obsesionarse con guerras y negocios financieros basados en el oro, ríos, coltán sabremos que la transición a una conciencia movilizadora de mayor compromiso con los demás seres ha tenido lugar.

No hay que temer. El miedo es la peor esclavitud. Tenemos que defender, fortalecer y reproducir el efecto luminario Palu Uala (una tierra sin males), para que tenga más vitalidad, y sea reconocida, admirada y aplicada como un sistema de vida que nos conecta con capas y realidades multidimensionales capaces de revolucionar esta realidad.

Entonces, elijamos sabiamente nuestras posibilidades de vida, nuestro camino de elección nos conduzca siempre hacia viajes con justicia e inclusión. Y que la violencia, discriminación y el afán de acumulación no mate nuestro Mundo.

domingo, 25 de agosto de 2024

¿Es necesario un Ministerio de asuntos indígenas?

 Juan Perez Archibold

Sociólogo y experto en Gobernabilidad y Gerencia Publica

La desigualdad que afecta a los pueblos indígenas de Panamá es un problema estructural, histórico, complejo y no consecuencia de la falta de integración de los indígenas al desarrollo desigual de Panamá. Por el contrario, este empobrecimiento se deriva de un modelo de integración asimétrico, desventajoso y fundado en el racismo. 

Durante muchos años, los pueblos indígenas fueron vistos, como pobres y dignos de lástima, de allí la frase “nuestro indios”, “reducirlos a la vida civilizada” y “asimilarlos culturalmente” y, en el peor de los casos, como obstáculo para el desarrollo y el progreso del país.

El Estado panameño, y los sucesivos gobiernos desde la época republicana hasta ahora, han sido incapaces de proveer a los pueblos indígenas de las condiciones de equidad e igualdad; al contrario, la integración, sinónimo de homogenización, derivó en un menosprecio de su capacidad y fortaleza para definir su propio desarrollo con identidad. En consecuencia, su visión de desarrollo con identidad no fue tomada en cuenta para enfrentar exitosamente el desarrollo del país.

Si bien el propósito “integrador” de la política indigenista partía del reconocimiento de la necesidad de hacer justicia a los pueblos indígenas e implicó muchas investigaciones e investigadores entregados y de buena voluntad, pero siempre se consideró, que la pobreza histórica era consecuencia de que el “indio no se quería civilizar”, además no querían dejar sus “viejas prácticas salvajes.”

La historia reciente ha mostrado que las prácticas homogeneizadoras del Estado no es un camino viable y deseable a la unidad con diversidad. Por el contrario, esta acción empobrece y es un potente obstáculo para su desarrollo futuro.

Mientras el desarrollo de nuestro país esté anclado en la política neoliberal con economía minera, hidroeléctrica, y petrolera que enriquece a las multinacionales y a unos pocos, siempre tendremos que enfrentar una realidad intrincada de desigualdad, explotación e injusticia. 

Los reclamos de los pueblos indígenas en materia de impartir justicia, del reconocimiento de sus comarcas, de servicios de infraestructura básica, de derechos políticos y sociales de autodeterminación, no sólo son legítimos en sí mismos, sino es una deuda histórica y crucial en la construcción consensual de un Panamá más justo y democrático.

Por eso, el Estado panameño, debe asumir explícita y cabalmente este renovado compromiso, con la participación indispensable de toda la sociedad, para definir una nueva política de Estado clara y precisa.

La relación del Estado panameño con los pueblos indígenas en estos tiempos implica construir nuevos equilibrios políticos que involucren a todos los actores nacionales, partidos, sociedad civil y configurar así un nuevo pacto social que exija inclusión e incorporación de los indígenas a las dinámicas del desarrollo nacional, pero desde sus propias demandas y necesidades.

Sin estas premisas dichas anteriormente, un “Ministerio de Asuntos Indígenas” está condenado a ser “bombero”, “lobby” para los mineros y otros, y cueva de politiqueros y la implementación de las políticas gubernamentales inconsultas y burocratizadas.

 

Es necesario un Ministerio de Asuntos Indígenas?

 Sociólogo y experto en Gobernabilidad y Gerencia Publica

La desigualdad que afecta a los pueblos indígenas de Panamá es un problema estructural, histórico, complejo y no consecuencia de la falta de integración de los indígenas al desarrollo desigual de Panamá. Por el contrario, este empobrecimiento se deriva de un modelo de integración asimétrico, desventajoso y fundado en el racismo. 

Durante muchos años, los pueblos indígenas fueron vistos, como pobres y dignos de lástima, de allí la frase “nuestro indios”, “reducirlos a la vida civilizada” y “asimilarlos culturalmente” y, en el peor de los casos, como obstáculo para el desarrollo y el progreso del país.

El Estado panameño, y los sucesivos gobiernos desde la época republicana hasta ahora, han sido incapaces de proveer a los pueblos indígenas de las condiciones de equidad e igualdad; al contrario, la integración, sinónimo de homogenización, derivó en un menosprecio de su capacidad y fortaleza para definir su propio desarrollo con identidad. En consecuencia, su visión de desarrollo con identidad no fue tomada en cuenta para enfrentar exitosamente el desarrollo del país.

Si bien el propósito “integrador” de la política indigenista partía del reconocimiento de la necesidad de hacer justicia a los pueblos indígenas e implicó muchas investigaciones e investigadores entregados y de buena voluntad, pero siempre se consideró, que la pobreza histórica era consecuencia de que el “indio no se quería civilizar”, además no querían dejar sus “viejas prácticas salvajes.”

La historia reciente ha mostrado que las prácticas homogeneizadoras del Estado no es un camino viable y deseable a la unidad con diversidad. Por el contrario, esta acción empobrece y es un potente obstáculo para su desarrollo futuro.

Mientras el desarrollo de nuestro país esté anclado en la política neoliberal con economía minera, hidroeléctrica, y petrolera que enriquece a las multinacionales y a unos pocos, siempre tendremos que enfrentar una realidad intrincada de desigualdad, explotación e injusticia. 

Los reclamos de los pueblos indígenas en materia de impartir justicia, del reconocimiento de sus comarcas, de servicios de infraestructura básica, de derechos políticos y sociales de autodeterminación, no sólo son legítimos en sí mismos, sino es una deuda histórica y crucial en la construcción consensual de un Panamá más justo y democrático.

Por eso, el Estado panameño, debe asumir explícita y cabalmente este renovado compromiso, con la participación indispensable de toda la sociedad, para definir una nueva política de Estado clara y precisa.

La relación del Estado panameño con los pueblos indígenas en estos tiempos implica construir nuevos equilibrios políticos que involucren a todos los actores nacionales, partidos, sociedad civil y configurar así un nuevo pacto social que exija inclusión e incorporación de los indígenas a las dinámicas del desarrollo nacional, pero desde sus propias demandas y necesidades.

Sin estas premisas dichas anteriormente, un “Ministerio de Asuntos Indígenas” está condenado a ser “bombero”, “lobby” para los mineros y otros, y cueva de politiqueros y la implementación de las políticas gubernamentales inconsultas y burocratizadas.

 

sábado, 24 de agosto de 2024

Libros Publicados


 

SOCIOLOGIA DE LA CASA COMUN

Estructuras de movilización, Procesos contextuales y Acción política de la nación guna, de Gunayala 1975-1985

Escrito por Juan Perez Archibold

Introduccion: 

"A los panameños en general, los “wagas”, la obra de Juan Pérez A. debe llevarnos a la convicción de reelaborar una nueva Constitución Política nacional que reconozca, lo que es una realidad de hecho, como realidad jurídica: que Panamá es un estado pluriétnico y plurinacional, que nuestros pueblos originarios son otras tantas naciones que, para convivir armoniosamente dentro del espacio geográfico del estado, requieren respeto a su autonomía, a su estructura política y autoridades tradicionales, a sus idiomas y costumbres. Con Juan Pérez Archibold concluimos que “La razón y sentido de la historia no puede ser otra aquella que sus propios protagonistas, o sea, los Guna, le otorguen”

Dr. Olmedo Beluche, sociólogo panameño

Catedrático de la Universidad de Panamá

Libros Publicados

 

GUARDIANAS DE LA MEMORIA

Ruta del conocimiento de la identidad guna


Ficha Técnica: GUARDIANAS DE LA MEMORIA

En Guardianas de la memoria, el lector descubrirá llevado de la mano del autor de manera magistral, el mundo guna, narrado por ancianas, y los sentimientos de mujeres que pueblan este territorio en constante cambio. Gunayala, es el lugar donde el tiempo solo existe para contextualizar, pero sirve para todos los pueblos y culturas.

Es un libro para aquellos que quieren tener una relación viva con el conocimiento y saberes guna. El centro del diálogo de este libro discurre en Baluwala (Arbol de sal), que, en el mito guna, es el mapa conceptual del modelo de sociedad y desarrollo. Son diálogos sobre el poder, estructura e identidad guna.

Escrito por Juan Perez Archibold



jueves, 22 de agosto de 2024

LA NARRATIVA DEL PALU UALA (ARBOL DE SAL) EN EL MUNDO DEL PUEBLO GUNA

Juan Perez Archibold

Sociologo y Filosofo 

En la cultura guna, existe una fascinante narrativa que es también una potente herramienta para comprender la realidad y la teoría del conocimiento. Se nos presenta una luminosa herramienta para sentir la realidad y conocer el mundo desde las energías telúricas de la Madre Tierra. Esta narrativa ha enseñado al pueblo guna a sentir lo tangible e intangible, lo visible e invisible y la capacidad de aprehender la realidad a través de los sueños.

Imaginémonos un árbol donde unos pocos se enriquecen y producen la riqueza para ellos, los poderosos. Ellos tienen el agua, el fuego, lo vegetal y lo mineral. Solo tiran migajas a los que pasan debajo del árbol, y esos son los guna. Pero los gunas no pueden derribar solos el árbol, necesitan de otros para cambiar la realidad.

El árbol de sal simboliza la sociedad, y las migajas que tiran los que están en los copos representa una realidad distorsionada y superficial que los poderosos nos engañan nuestra verdadera comprensión de la realidad, que somos pobres por naturaleza.

La narrativa del mito del árbol de sal da un giro significativo cuando todos y todas se turnan para derribar el árbol. Este proceso simboliza el camino hacia el conocimiento y la iluminación intelectual, un viaje arduo y doloroso, pero profundamente transformador.

Cuando el árbol es derribado los guna se dan cuenta que de allí está el origen del agua, del fuego, y unos hombres indispuestos a ceder su riqueza. Para ellos, la riqueza sigue siendo la única realidad válida, y la propuesta de otra realidad diferente es inconcebible y amenazante ya que esto es un reflejo de la resistencia humana al cambio y a la aceptación de nuevas realidades que verdadean.

La narrativa del árbol de sal, por tanto, no solo ilustra la teoría epistemológica del pueblo guna, sino también su visión sobre como transformar la realidad y el papel de los sabios en la sociedad. El sabio tiene la responsabilidad de guiar a otros hacia el conocimiento y la sabiduría que transforma, aunque esto implique enfrentarse a la incomprensión y la resistencia de su propia gente.

Esta narrativa, en última instancia nos invita a transformar nuestra propia percepción de la realidad y a reconocer la importancia de buscar el conocimiento no como información sino como sabiduría.