Viví en Cardi Sugdup por los años 90 y me dediqué religiosamente a visitar y oír narrativas de mi maestro el difunto Gilberto Arias que vivía en Mandi Ubigandup. Estas reflexiones son frutos de estos encuentros
Nuestra
sociedad es muy diferente a la que vivieron nuestros padres y madres, pero aun
así ellos siguen iluminando nuestra realidad. Por eso nuestra resiliencia nos
permite recrear cada día, cada año y cada nueva era.
No
se trata de refugiarnos en un tesoro sagrado, mítico, inaccesible, ni sentirnos
los guardianes de este tesoro congelado en la historia, sino de incorporar la
figura del puente que comunica la tradición sapiencial de los
pueblos con otras realidades, desde una visión holística.
He
allí el reto.
Una
comunidad indígena no es una simple reunión de humanos congregados de forma
arbitraria y caprichosa, sino está construida como una constelación de seres
minerales, vegetales y espirituales, un cuerpo ordenado y regulado bajo las
garantías de sus leyes cósmicas y terrenales con un objetivo de bienestar para
todos.
La
sabiduría guna ofrece una figura luminaria que es Palu Uala (una tierra sin
males llena de vida), narrativa que ancla el ancestral conocimiento social
comunitaria a la realidad actual, ofreciendo inclusión, diversidad y oportunidad.
El
difunto Argar Gilberto Arias analizó la realidad actual de esta manera: qué
hemos hecho para que nuestros idiomas se vean sometidos a restricciones y
amenazados de extinción, al tiempo nuestros territorios se sacrifican para
realizar en ellos actividades de minería y de deforestación. Los pueblos
indígenas en la actualidad, dueños de una diversidad de recursos naturales,
espirituales y conocimiento tradicional, se han convertido en vulnerables,
excluidos y empobrecidos. (Traducidos por el escribiente)
Así
también, el difunto sabio guna Inakeliginya resume magistralmente cómo debería
ser la iluminación: “El árbol de la vida nos lleva a fortalecer nuestra
identidad y nos permite leer la realidad desde la Madre Tierra, y ofrece una
nueva forma de libertad y autonomía. Eso nos hace guna. Es el centro de nuestra
vida. Les aconsejo que elijamos sabiamente nuestras posibilidades y que
defendamos nuestros sueños. Y que el camino de elección nos conduzca siempre a
viajes de la existencia, de la conciencia, de la energía y la lucha por la
libertad que nadie puede detener.”
La
sabiduría guna para desarrollarse y ser puente necesita ser fuerte en las relaciones
espirituales, minerales, humanas y vegetales y una mente despierta, aguda y
avispada para enfrentar la realidad injusta: eso es, reconquistar el poder. ¿Pero
qué poder? Si, el poder que viene de las entrañas de la Madre Tierra que nos moviliza,
levanta y transforma.
Cuando
prestemos más atención a la Madre Tierra y cuidemos más a ella, en lugar de
obsesionarse con guerras y negocios financieros basados en el oro, ríos, coltán
sabremos que la transición a una conciencia movilizadora de mayor compromiso
con los demás seres ha tenido lugar.
No
hay que temer. El miedo es la peor esclavitud. Tenemos que defender, fortalecer
y reproducir el efecto luminario Palu Uala (una tierra sin males), para que
tenga más vitalidad, y sea reconocida, admirada y aplicada como un sistema de
vida que nos conecta con capas y realidades multidimensionales capaces de
revolucionar esta realidad.
Entonces,
elijamos sabiamente nuestras posibilidades de vida, nuestro camino de elección
nos conduzca siempre hacia viajes con justicia e inclusión. Y que la violencia,
discriminación y el afán de acumulación no mate nuestro Mundo.

Hola
ResponderEliminar