domingo, 25 de agosto de 2024

¿Es necesario un Ministerio de asuntos indígenas?

 Juan Perez Archibold

Sociólogo y experto en Gobernabilidad y Gerencia Publica

La desigualdad que afecta a los pueblos indígenas de Panamá es un problema estructural, histórico, complejo y no consecuencia de la falta de integración de los indígenas al desarrollo desigual de Panamá. Por el contrario, este empobrecimiento se deriva de un modelo de integración asimétrico, desventajoso y fundado en el racismo. 

Durante muchos años, los pueblos indígenas fueron vistos, como pobres y dignos de lástima, de allí la frase “nuestro indios”, “reducirlos a la vida civilizada” y “asimilarlos culturalmente” y, en el peor de los casos, como obstáculo para el desarrollo y el progreso del país.

El Estado panameño, y los sucesivos gobiernos desde la época republicana hasta ahora, han sido incapaces de proveer a los pueblos indígenas de las condiciones de equidad e igualdad; al contrario, la integración, sinónimo de homogenización, derivó en un menosprecio de su capacidad y fortaleza para definir su propio desarrollo con identidad. En consecuencia, su visión de desarrollo con identidad no fue tomada en cuenta para enfrentar exitosamente el desarrollo del país.

Si bien el propósito “integrador” de la política indigenista partía del reconocimiento de la necesidad de hacer justicia a los pueblos indígenas e implicó muchas investigaciones e investigadores entregados y de buena voluntad, pero siempre se consideró, que la pobreza histórica era consecuencia de que el “indio no se quería civilizar”, además no querían dejar sus “viejas prácticas salvajes.”

La historia reciente ha mostrado que las prácticas homogeneizadoras del Estado no es un camino viable y deseable a la unidad con diversidad. Por el contrario, esta acción empobrece y es un potente obstáculo para su desarrollo futuro.

Mientras el desarrollo de nuestro país esté anclado en la política neoliberal con economía minera, hidroeléctrica, y petrolera que enriquece a las multinacionales y a unos pocos, siempre tendremos que enfrentar una realidad intrincada de desigualdad, explotación e injusticia. 

Los reclamos de los pueblos indígenas en materia de impartir justicia, del reconocimiento de sus comarcas, de servicios de infraestructura básica, de derechos políticos y sociales de autodeterminación, no sólo son legítimos en sí mismos, sino es una deuda histórica y crucial en la construcción consensual de un Panamá más justo y democrático.

Por eso, el Estado panameño, debe asumir explícita y cabalmente este renovado compromiso, con la participación indispensable de toda la sociedad, para definir una nueva política de Estado clara y precisa.

La relación del Estado panameño con los pueblos indígenas en estos tiempos implica construir nuevos equilibrios políticos que involucren a todos los actores nacionales, partidos, sociedad civil y configurar así un nuevo pacto social que exija inclusión e incorporación de los indígenas a las dinámicas del desarrollo nacional, pero desde sus propias demandas y necesidades.

Sin estas premisas dichas anteriormente, un “Ministerio de Asuntos Indígenas” está condenado a ser “bombero”, “lobby” para los mineros y otros, y cueva de politiqueros y la implementación de las políticas gubernamentales inconsultas y burocratizadas.

 

Es necesario un Ministerio de Asuntos Indígenas?

 Sociólogo y experto en Gobernabilidad y Gerencia Publica

La desigualdad que afecta a los pueblos indígenas de Panamá es un problema estructural, histórico, complejo y no consecuencia de la falta de integración de los indígenas al desarrollo desigual de Panamá. Por el contrario, este empobrecimiento se deriva de un modelo de integración asimétrico, desventajoso y fundado en el racismo. 

Durante muchos años, los pueblos indígenas fueron vistos, como pobres y dignos de lástima, de allí la frase “nuestro indios”, “reducirlos a la vida civilizada” y “asimilarlos culturalmente” y, en el peor de los casos, como obstáculo para el desarrollo y el progreso del país.

El Estado panameño, y los sucesivos gobiernos desde la época republicana hasta ahora, han sido incapaces de proveer a los pueblos indígenas de las condiciones de equidad e igualdad; al contrario, la integración, sinónimo de homogenización, derivó en un menosprecio de su capacidad y fortaleza para definir su propio desarrollo con identidad. En consecuencia, su visión de desarrollo con identidad no fue tomada en cuenta para enfrentar exitosamente el desarrollo del país.

Si bien el propósito “integrador” de la política indigenista partía del reconocimiento de la necesidad de hacer justicia a los pueblos indígenas e implicó muchas investigaciones e investigadores entregados y de buena voluntad, pero siempre se consideró, que la pobreza histórica era consecuencia de que el “indio no se quería civilizar”, además no querían dejar sus “viejas prácticas salvajes.”

La historia reciente ha mostrado que las prácticas homogeneizadoras del Estado no es un camino viable y deseable a la unidad con diversidad. Por el contrario, esta acción empobrece y es un potente obstáculo para su desarrollo futuro.

Mientras el desarrollo de nuestro país esté anclado en la política neoliberal con economía minera, hidroeléctrica, y petrolera que enriquece a las multinacionales y a unos pocos, siempre tendremos que enfrentar una realidad intrincada de desigualdad, explotación e injusticia. 

Los reclamos de los pueblos indígenas en materia de impartir justicia, del reconocimiento de sus comarcas, de servicios de infraestructura básica, de derechos políticos y sociales de autodeterminación, no sólo son legítimos en sí mismos, sino es una deuda histórica y crucial en la construcción consensual de un Panamá más justo y democrático.

Por eso, el Estado panameño, debe asumir explícita y cabalmente este renovado compromiso, con la participación indispensable de toda la sociedad, para definir una nueva política de Estado clara y precisa.

La relación del Estado panameño con los pueblos indígenas en estos tiempos implica construir nuevos equilibrios políticos que involucren a todos los actores nacionales, partidos, sociedad civil y configurar así un nuevo pacto social que exija inclusión e incorporación de los indígenas a las dinámicas del desarrollo nacional, pero desde sus propias demandas y necesidades.

Sin estas premisas dichas anteriormente, un “Ministerio de Asuntos Indígenas” está condenado a ser “bombero”, “lobby” para los mineros y otros, y cueva de politiqueros y la implementación de las políticas gubernamentales inconsultas y burocratizadas.

 

sábado, 24 de agosto de 2024

Libros Publicados


 

SOCIOLOGIA DE LA CASA COMUN

Estructuras de movilización, Procesos contextuales y Acción política de la nación guna, de Gunayala 1975-1985

Escrito por Juan Perez Archibold

Introduccion: 

"A los panameños en general, los “wagas”, la obra de Juan Pérez A. debe llevarnos a la convicción de reelaborar una nueva Constitución Política nacional que reconozca, lo que es una realidad de hecho, como realidad jurídica: que Panamá es un estado pluriétnico y plurinacional, que nuestros pueblos originarios son otras tantas naciones que, para convivir armoniosamente dentro del espacio geográfico del estado, requieren respeto a su autonomía, a su estructura política y autoridades tradicionales, a sus idiomas y costumbres. Con Juan Pérez Archibold concluimos que “La razón y sentido de la historia no puede ser otra aquella que sus propios protagonistas, o sea, los Guna, le otorguen”

Dr. Olmedo Beluche, sociólogo panameño

Catedrático de la Universidad de Panamá

Libros Publicados

 

GUARDIANAS DE LA MEMORIA

Ruta del conocimiento de la identidad guna


Ficha Técnica: GUARDIANAS DE LA MEMORIA

En Guardianas de la memoria, el lector descubrirá llevado de la mano del autor de manera magistral, el mundo guna, narrado por ancianas, y los sentimientos de mujeres que pueblan este territorio en constante cambio. Gunayala, es el lugar donde el tiempo solo existe para contextualizar, pero sirve para todos los pueblos y culturas.

Es un libro para aquellos que quieren tener una relación viva con el conocimiento y saberes guna. El centro del diálogo de este libro discurre en Baluwala (Arbol de sal), que, en el mito guna, es el mapa conceptual del modelo de sociedad y desarrollo. Son diálogos sobre el poder, estructura e identidad guna.

Escrito por Juan Perez Archibold



jueves, 22 de agosto de 2024

LA NARRATIVA DEL PALU UALA (ARBOL DE SAL) EN EL MUNDO DEL PUEBLO GUNA

Juan Perez Archibold

Sociologo y Filosofo 

En la cultura guna, existe una fascinante narrativa que es también una potente herramienta para comprender la realidad y la teoría del conocimiento. Se nos presenta una luminosa herramienta para sentir la realidad y conocer el mundo desde las energías telúricas de la Madre Tierra. Esta narrativa ha enseñado al pueblo guna a sentir lo tangible e intangible, lo visible e invisible y la capacidad de aprehender la realidad a través de los sueños.

Imaginémonos un árbol donde unos pocos se enriquecen y producen la riqueza para ellos, los poderosos. Ellos tienen el agua, el fuego, lo vegetal y lo mineral. Solo tiran migajas a los que pasan debajo del árbol, y esos son los guna. Pero los gunas no pueden derribar solos el árbol, necesitan de otros para cambiar la realidad.

El árbol de sal simboliza la sociedad, y las migajas que tiran los que están en los copos representa una realidad distorsionada y superficial que los poderosos nos engañan nuestra verdadera comprensión de la realidad, que somos pobres por naturaleza.

La narrativa del mito del árbol de sal da un giro significativo cuando todos y todas se turnan para derribar el árbol. Este proceso simboliza el camino hacia el conocimiento y la iluminación intelectual, un viaje arduo y doloroso, pero profundamente transformador.

Cuando el árbol es derribado los guna se dan cuenta que de allí está el origen del agua, del fuego, y unos hombres indispuestos a ceder su riqueza. Para ellos, la riqueza sigue siendo la única realidad válida, y la propuesta de otra realidad diferente es inconcebible y amenazante ya que esto es un reflejo de la resistencia humana al cambio y a la aceptación de nuevas realidades que verdadean.

La narrativa del árbol de sal, por tanto, no solo ilustra la teoría epistemológica del pueblo guna, sino también su visión sobre como transformar la realidad y el papel de los sabios en la sociedad. El sabio tiene la responsabilidad de guiar a otros hacia el conocimiento y la sabiduría que transforma, aunque esto implique enfrentarse a la incomprensión y la resistencia de su propia gente.

Esta narrativa, en última instancia nos invita a transformar nuestra propia percepción de la realidad y a reconocer la importancia de buscar el conocimiento no como información sino como sabiduría.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Crónicas de una tierra sin males

El silencio
Yandup, Guna Yala, Panamá
4 de mayo 2015, 8:00pm

El 2 de abril de 1921, Andrés Mojica, intendente de San Blas, asesino y verdugo mal recordado escribió una nota al Dr. Belisario Porras, presidente de la República y títere de los USA, en la que le decía textualmente: 

“Grato me es informar a usted que, de acuerdo con la labor incesante de civilización y progreso…, se ha llevado a efecto del modo más armonioso y correcto la extirpación total del uso de los alzamuros (narigueras) y guines ( chaquiras) en el sexo femenino de las tribus de Narganá y Corazón de Jesús, conforme a los deseos de Usted.(…) El desuso de esta costumbre constituye ya en dichas tribus un verdadero paso de adelanto que da la civilización de indígenas en esta región y nos hace creer que así como abandonaron estas costumbres, acogerán las nuestras en no lejanos días y cambiarán de modo de vivir por completo”.

Firmado: Andrés Mojica, Intendente de San Blas.


Nunca olvidaré la tristeza y turbación que sentí al ver a una abuelita guna de Yandup, en mi último viaje, vestida de traje pero con el agujero en la nariz que testimonia el dolor de una historia indómita, rebelde y sangrienta. De inmediato mis pensamientos construyeron símbolos conceptuales y me trasladaron al mundo de aquellos que vivieron en carne propia la matanza, exterminio y la limpieza étnica.

Y una noche me pare en silencio por el puente de la amistad, para sentir y escuchar llantos, suspiros y gritos de las abuelas y abuelos de la comunidad en 1921. Vi escenas conceptuales cómo eran arrastrados niños y niñas y violadas muchas abuelas. Todo eso en nombre del progreso y desarrollo.

Saque mi Nokia, escribí e hice una pequeña reflexión: “uno de las ficciones introyectadas en nuestra identidad es la doctrina cristiana de la promesa de un paraíso, tras la muerte, una creencia de redención y salvación para los elegidos, para los que tienen fe en Dios; esta visión sustituye a la idea de la concepción circular de la vida, una teoría cíclica del tiempo y de los movimientos rítmicos muy enlazada con la realidad (el día y la noche, las estaciones, los ciclos de la luna), que es la visión indígena. Muchas de las grandes ruinas que hoy adornan los desiertos y las selvas de la Tierra, son monumentos a la trampa del progreso, recuerdos de civilizaciones que desaparecieron víctimas de sus propios éxitos”.

Crónicas de una tierra sin males

El silencio
Yandup, Guna Yala, Panamá
4 de mayo 2015, 8:00pm

El 2 de abril de 1921, Andrés Mojica, intendente de San Blas, asesino y verdugo mal recordado escribió una nota al Dr. Belisario Porras, presidente de la República y títere de los USA, en la que le decía textualmente: Grato me es informar a usted que, de acuerdo con la labor incesante de civilización y progreso…, se ha llevado a efecto del modo más armonioso  y correcto la extirpación total del uso de los alzamuros (narigueras) y guines ( chaquiras) en el sexo femenino de las tribus de Narganá y Corazón de Jesús, conforme a los deseos  de Usted.(…) El desuso de esta costumbre constituye ya en dichas tribus un verdadero paso de adelanto que da  la civilización de indígenas en esta región y nos hace creer que así como abandonaron estas costumbres, acogerán las nuestras en no lejanos días y cambiarán de modo de vivir por completo”.
Firmado: Andrés Mojica, Intendente de San Blas.
Nunca olvidaré la tristeza y turbación que sentí al ver a una abuelita guna de Yandup, en mi último viaje, vestida de traje pero con el agujero en la nariz que testimonia el dolor de una historia indómita, rebelde y sangrienta. De inmediato mis pensamientos construyeron símbolos conceptuales y me trasladaron al mundo de aquellos que vivieron en carne propia la matanza, exterminio y la limpieza étnica. 

Y una noche me pare en silencio por el puente de la amistad, para sentir y escuchar llantos, suspiros y gritos de las abuelas y abuelos de la comunidad en 1921. Vi escenas conceptuales cómo eran arrastrados niños y niñas y violadas muchas abuelas. Todo eso en nombre del progreso y desarrollo.

Saque mi Nokia, escribí e hice una pequeña reflexión: “uno de las ficciones introyectadas en nuestra identidad es la doctrina cristiana de la promesa de un paraíso, tras la muerte, una creencia de redención y salvación para los elegidos, para los que tienen fe en Dios; esta visión sustituye a la idea de la concepción circular de la vida, una teoría cíclica del tiempo y de los movimientos rítmicos muy enlazada con la realidad (el día y la noche, las estaciones, los ciclos de la luna), que es la visión indígena. Muchas de las grandes ruinas que hoy adornan los desiertos y las selvas de la Tierra, son monumentos a la trampa del progreso, recuerdos de civilizaciones que desaparecieron víctimas de sus propios éxitos”.